CORRER NO ES DE COBARDES

Ha tenido que llegar una palabra anglófila para que las calles, los parques, los arcenes y los caminos se llenen de gente de todas las edades, razas y condiciones que, pertrechados con la última tecnología, se echan a la calle con los mas estrafalarias y estrambóticas vestimentas. Primero fue jogging con sus cintas al pelo, sus muñequeras y sus coloridas mallas, luego pasó a footing con el calzado tecnificado y diferenciado. Ahora es running y todos sus gadgets. Y aunque algunos, sobre todo los runners, se empeñan en diferenciarlos, todos esos anglicismos apelan a algo tan antiguo como el ser humano: correr.

El excelente libro de Christopher Mcdougall “nacidos para correr” nos enseña que somos lo que somos como especie porque siempre hemos corrido. Quizá no seamos rápidos, pero somos resistentes gracias a nuestra capacidad aeróbica y de transpiración. Tal vez no seamos ágiles, pero somos tremendamente versátiles porque podemos reptar, nadar, trepar y saltar. Nuestros glúteos, tríceps, soleos, gemelos, abductores y cuádriceps, junto a nuestros aparatos óseo, tendinoso y ligamentoso nos permiten proezas que otros animales no pueden. Acaso no podamos volar, pero ¿quien dice que no vuelas cuando corres?

Quien dice que correr es de cobardes es que nunca ha corrido. Porque correr es un ejercicio de combate, de competición y de reto para doblegar al rival. Y no hay émulo, competidor, oponente y adversario mas duro que uno mismo. Correr es conocer que el dolor te acompaña y que cuando te haces su amigo ya no estás solo. Correr es escuchar a tu doppelgänger, tu gemelo maléfico, tu otro yo, como te convence para que pares porque duele, porque no tiene sentido, porque te ahogas, de que pierdes el tiempo, de que no lo conseguirás. Correr es vencerle, doblegarle, someterle. Correr refuerza tu disciplina interna, concepto hoy tan denostado, y la hace voluntad, fortaleza estoica.

Pero es que correr traspasa las modas y se convierte en uno de los mayores valores sanitarios. Correr es una de las medidas de prevención primaria mas potente que conocemos, porque correr previene la artrosis, combate la osteoporosis, regula el metabolismo hidrocarbonado permitiendo un control mas adecuado de las cifras de glucosa y colesterol, potencia el sistema cardiovascular, disminuye la tensión arterial, es un poderoso antidepresivo, estabiliza el ánimo y contribuye a la meditación. Correr reduce el riesgo de cáncer a todos los niveles porque combate el mal de nuestros días, la obesidad. Correr es, por tanto, saludable. Y en una época en la que las noticias nos inundan de fallecidos en maratones, bien deberíamos advertir que muchísimos mas muertos a sus espaldas tiene el sillón.

Cuenta la leyenda que Filípides salvó miles de vidas corriendo. Cuando Atenas fue atacada por Persia, los generales griegos dieron orden a sus soldados de retaguardia que mataran a las mujeres y a los niños griegos si eran derrotados para impedir los suplicios que los persas les infringirían. Y tras la batalla de Maratón, aquel corrió 42 km hasta la capital para gritar ¡¡nenikekamen!!, que quiere decir: ¡¡hemos vencido!!.

Correr no te salvará la vida, porque a la vida le sigue la muerte, pero si te salvará de la vejez, porque uno no deja de correr porque se hace viejo, sino que se hace viejo porque uno deja de correr. Cada mañana una gacela se despierta en África. Y sabe que debe correr más rápido que el león más veloz o morirá. Cada mañana en África se despierta un león. Y sabe que debe correr más rápido que la gacela mas lenta, o morirá de hambre. Asi que no importa que seas gacela o león, cuando el sol salga mas vale que estés corriendo.

Me llamo Andrés García Palomo. Y corro.

Autor: Andrés Palomo.
Doctor en Medicina y Cirugía.Especializado en Oncología Médica.
Jefe del Servicio de Oncología médica del Complejo Hospitalario Universitario de León.
“Gran aficionado al deporte, suele participar en las carreras populares de nuestra ciudad, aúna la suerte de ser un gran médico que conoce bien el mundo de la medicina del deporte, un buen escritor, un gran conversador y un gran aficionado a la lectura, además de un practicar sinfín de actividades que le definen como un hombre de recursos, un humanista con un importante acervo cultural a sus espaldas.”