La pérdida excesiva de agua y electrolitos llevan a un agotamiento.

La deshidratación progresiva durante el ejercicio es frecuente, puesto que muchos deportistas no ingieren suficientes líquidos para reponer las pérdidas producidas. Esto no sólo va a provocar una disminución del rendimiento físico, sino que además aumenta el riesgo de lesiones, y puede poner en juego la salud e incluso la vida del deportista. Por eso es muy importante tener una estrategia que nos mantenga bien hidratados mientras hacemos ejercicio.

La pérdida excesiva de agua y por consiguiente de electrolitos, provoca deshidratación, ya que al disminuir el agua corporal del organismo, todos los órganos vitales del cuerpo como el corazón, el cerebro, el hígado, los riñones y otros como los músculos y la piel, reciben menos oxígeno al disminuir el volumen sanguíneo, lo que ocasiona que las funciones normales de vean afectadas.
Por ello, aunque existen características individuales que establecen diferencias muy marcadas entre los deportistas (factores ambientales, aclimatación previa, estado de entrenamiento, peso corporal, ingesta de fármacos, etc.), se puede decir que el primer consejo en relación con la realización de un ejercicio físico más o menos intenso, es la necesidad de reponer los líquidos perdidos.
La deshidratación afecta el rendimiento deportivo:

  •  Disminuye la obtención de energía aeróbica por el músculo
  •  El ácido láctico no puede ser transportado lejos del músculo.
  •  Disminuye la fuerza.
  •  Fatiga, cansancio y mareos.
  •  Enrojecimiento sequedad y descamación de la piel.
  •  Resequedad en la boca, labios y lengua.
  •  Calambres y hormigueos en piernas y pies, brazos y manos.
  •  Aumento de la frecuencia cardiaca y de la temperatura corporal.
  •  Dolor de cabeza.
  •  Falta de aliento y dificultad para respirar y hacer ejercicio.
  •  incapacidad para orinar y eliminar las sustancias tóxicas del organismo.